Me pregunto si la noche es más gratificante que el día, mi
día no es muy especial, la cama me conoce muy bien, aunque no de la forma que me
gustaría; conoce mi camisón rosa que mamá me compró en una navidad, ella no
comprende que amo el encaje… También conoce mi monotonía absurda de la vida, ¿Qué
importa que no quiera levantarme?, el día es azul como siempre, hace frio, hace
calor, da lo mismo, bajo la cubierta todo se siente igual, mi cama sabe que
odio depilarme en invierno y que a veces amarro mi cabello sólo porque se me da
la gana, que amo estudiar sobre ella, pero el sueño es mas grande que la
presión,
Mis amigas dicen que la noche se disfruta, se utiliza y
sobre utiliza, ahí no hay tiempo para dormir, ¿Hay algo mas rico que dormir?,
imposible.
Soy una novata en el tema, muy torpe e inocente, ¿Inocente?,
ellas se reirían de mí, pero si, lo soy, bueno, de alguna manera lo soy, aun
creo en los cuentos que te relatan para atraparte y que la princesa obtiene su
final feliz, que antes de la cama hay amor y que las cosas dulces siempre saben
rico.
La noche es una aguafiestas ya que debo estar en mi casa a las 12, cenicienta y yo coincidimos
en eso, sólo que yo dejaría el zapato adrede. Soy una chica de una familia tradicionalista ahogada por la
religión, donde la cama es un lecho sagrado y que la conoces con un anillo en
la mano, que los besos son recatados y las manos donde las vean, pero que
delicia es romper esas reglas, tocar lo prohibido y disfrutarlo. Nunca faltará
la amiga salvadora, que te aloja en su casa sin saber o sabiéndolo no te ve por
ningún lado, ¿Qué podría salir mal?.
Esta noche me encantaría dormir, ¿Pero te animas bailar?
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