Antes de
salir, recité palabras sueltas para aumentar mi confianza, como si fuera una
lista pauteada de qué debo hacer y que no, intentando apaciguar mi ansiedad y
nerviosismo, pero con mis pensamientos e inseguridades lo único que logro es
aumentarlo, mi corazón está a mil y no sé si mi desodorante podrá esta vez.
Espero que haya buen alcohol.
Llegué a la
casa de Héctor, el cual era amigo de Giselle, él compartía la casa con tres
chicos más. Al encuentro habían llegado varias personas y conocía a algunas,
una pequeña salvación.
Al llegar
los saludé a todos con un solo saludo audible, odio ir saludando
persona por persona si son muchos, me respondieron animosamente así que me
sentí incluida, me senté junto a Giselle, lo cual duró súper poco ya que
después de un rato ella se levantó y fue al baño, después se sentó lejos de mí.
Estoy segura que esta mujer lo hizo al propio, -arpía- Susurré.
Escuché a
los demás hablar y me reía con ellos, no habían temas de los cuales pudiese opinar
así que me limité a escucharlos atentamente, había un chico que se destacaba
entre los asistentes, era un tipo de pelo corto y liso color café chocolate, su
tez era medianamente morena, sus ojos eran color pardos, el dominaba muy bien
el tema y de vez en cuando mandaba algún
chiste corto y preciso, para quien lo agarrara en el aire. El capturó
tal atención en mí que no podía evitar reírme, trataba disimularlo, pero fallaba,
tú te habías dado cuenta que tus pequeños chistes no eran ignorados por mí
-Acércate- Me dijo el unicornio morado.
-Está muy lejos, ahora es inalcanzable – Le respondí en mi
interior.
Miraba a cada
persona que hablaba, cuando eras tú aprovechaba cada momento, así podía
disimular el recorrerte con la mirada, me cautivaba tu forma de hablar, esa
chispa tan propia tuya y tu capacidad de mantener la atención de todos, expectantes
por esa simpatía y astucia al comentar, cuando nuestras miradas se cruzaban no
podía impedir evitarla, simulando que algo atraía mi atención, en ese momento,
hasta un florero servía y rogaba para que no te dieras cuenta, pero los dioses
no me escucharon, era tan obvia que ni éstos podían ayudarme. En un momento fue
tal mi distracción que decidí salir un rato al patio para enfriar mi cuerpo que
ya empezaba a sentir caliente.
Héctor
tenía un perro, un gran canino con pelaje abundante y largo, apenas lo vi no pude
evitar acercarme, mis manos se movían solas y tuve que acariciarlo, permanecí
acariciándolo un rato hasta que una voz erizó mi piel.
-Disculpa, ¿Tienes fuego? - Eras tú.
-No, no fumo así que no traigo conmigo-
-Oh- Dijiste con un tono triste.
Te fuiste a
pedirle a alguien más, maldecí para mí misma muchas veces, nunca había deseado
tanto ser una fumadora más.
-¿Te molesta si fumo aquí?- Me preguntaste volviendo a mí.
-No, para nada - El viento está en contra, así que no me
complicaba y aunque estuviese a mi favor, soló por ti era capaz hasta de
intoxicarme.
-Genial – Dijiste mientras te sentabas en un escalón, cerca
de mí- Soy Jorge, ¿Eres la compañera de piso de la Gis, cierto? -
-Sí, mucho gusto- Te sonreí y me devolviste la sonrisa, era
una hermosa sonrisa.
-¿Eres compañero de Giselle?-
-No, sólo vivo aquí-
-Oh, no sabía, he venido aquí como dos veces y no te había
visto-
-Yo tampoco te había visto antes por aquí, imposible no
notarte aunque estuviese la casa llena de personas- Dijiste mirando las
estrellas, suerte la mía que no me estabas mirando, me ruboricé completamente.
-Oh, veo que te llevas bien con Sansón – Interrumpió Héctor
apareciendo de la nada.
-¿Se llama Sansón?, jajaja, le viene completamente el
nombre, es un perro muy fuerte y peludo, me encantan los perros peludos y
grandes-
-Es el que más suerte con las mujeres tiene de nosotros –
Dijo Héctor riendo.
-Así que eres todo un casanova Sansón- Le dije al perro
mientras lo acariciaba con más efusión.
Me quedé un
rato con Sansón mientras Héctor y Jorge conversaban mientras fumaban, pero me
fui al momento de convencerme de que Héctor no se iría, fui a servirme una
cerveza mientras los demás conversaban, Giselle me miró con ganas de que le
explicara todo en un minuto a través de señas, yo sólo la miré unos segundos y
me senté para unirme al grupo que en ese momento se encontraba reunido, miraba
a ratos si Jorge aparecía en algún momento, no soy buena disimulando, Giselle
ya se había dado cuenta.
Después de
un rato llegó Jorge con Héctor, así que las conversaciones fueron cada vez más interesantes
y cómicas, pero con el transcurso de la noche me empezó a dar mucho sueño, los
exámenes nuevamente actuaron en mi contra, mis ojos ya no soportaban más y sólo
pedían clemencia, le escribí un mensaje de texto a Giselle pidiéndole que nos fuéramos
y ella me escribió incoherencias, -rayos- demasiado tarde, Giselle ya no podía
dar 4 pasos sin querer abrazar al suelo. Así que fui a hablar con Héctor.
-Oye, disculpa, Giselle ya está sobre la pelota, ¿Me ayudas
a llevarla al taxi? -
-¿Ya se van?, ¿Tan pronto?-
-Sí, es que tuve unos exámenes súper pesados y ya no puedo
con el sueño, además, no puedo dejar que Giselle siga tomando, así que es lo
mejor-
-Entiendo, pero quédense aquí, tenemos una cama libre,
pueden dormir ahí si quieren, así igual me quedo más tranquilo- Dijo sonriendo.
-Mmm, no te preocupes, yo puedo con ella-
-Es que igual es tarde y Giselle en este estado es muy
complicada, créeme, estoy seguro que no conoces su peor lado todavía, quédense,
no nos complica-
-Está bien, gracias-
-Genial, yo llevo a Giselle a la cama, ¿Me abres la puerta?-
-¡Gracias!-
Fuimos
hacia un pasillo, le abrí la puerta a Héctor que tenía en brazos a Giselle la
cual tarareaba una canción pegajosa animadamente, él dejó a Giselle en la cama
mientras ella intentaba que él la acompañara y besaba en cuanto podía, Héctor
con una angelical paciencia ya acomodo y forcejeo un poco, después la retó como
un padre protector regaña a su hija y finalmente Giselle se durmió. Héctor me
sonrió mientras se pasaba la mano avergonzadamente por el cuello.
-Giselle cuando bebe se pone muy cariñosa- Rio Hector y yo
le sonreí.
Cuando
Hector se fue le saqué la ropa a Giselle y le coloqué una polera que me pasó
Héctor, yo igual me cambié y me acosté con ella. Me dormí rápidamente, pero me
desperté al tiempo después ya que Giselle me abrazó estrechando su cuerpo junto
al mío, añadió para rematarla una pierna encima de mis caderas, aprisionada y
asada no pude seguir durmiendo.
Me dio sed
rápidamente, así que después de varios esfuerzos y forcejeo pude liberarme de
ella, fui descalza hacia la cocina, cogí un vaso del escurre platos, lo llené
de agua y me lo llevé a la boca, pensamientos fugaces llegaron a mi mente, me
encontraba en la casa de José… ¿Qué pasaría si el entrase a esta cocina?, si
nuestros ojos se encontraran y recorriesen nuestros cuerpos, quizás él se
acercaría y estrecharía mi cuerpo contra una encimera, tocaría mi barbilla con
una mano mientras con la otra me tomaría de la cintura, se acercaría lentamente
a mis labios buscando aprobación para finalmente besarlos, yo le respondería
rodeando su cuello con mis brazos apretándome más hacia él, quizás me invitaría
a su habitación y allí nos disfrutaríamos con gran pasión, sentí una
electricidad que empezó en mis senos y terminó en mi clítoris… Pero claro, si
tan sólo saliese de mi imaginación y estuviera despierto a las 03.50 AM.
Terminé de
tomar agua, así que procedí a volver a mi habitación, mis pies ya estaban fríos
y dolían, miré el pasillo un largo tiempo, pero no recordaba donde estaba mi
habitación, mis opciones estaban entre dos puertas exactamente iguales, intenté
recordar cuando lejos estaba la cocina como para hacer un aproximado de cual
puerta era la correcta, pero no funcionó, ¿Puerta número 1 o número 2?, ¿Qué
hago?, -tene nene tú, sa-lis-te tú-, abrí lentamente a puerta, me equivoqué, era
la habitación de Jorge, él se encontraba sentado frente a su computador, con un
short y polera, estaba concentrado y se le veía un poco molesto, ¿Qué pasaría
si…?, si yo fuese junto a él, me sentase en sus piernas con mi cuerpo
enfrentado a él, cambiándole su cara molesta por una sorprendida, lo tomara del
mentón y lo besase invitándolo a tocarme, esta vez la electricidad fue más
fuerte, si tan sólo me dejara llevar por mis impulsos… Pero mientras
fantaseaba, el volteó y me miró con toda su atención avocada a mí.
- ¡Disculpa, me equivoqué de habitación! - Cerré la puerta
rápidamente y me metí en la habitación número 2.
Detrás de
la puerta, me quedé un tiempo apoyándome en ella mientras miraba a Giselle
dormir plácidamente y maldiciendo a mis adentros, estaba mojada. Me pregunto si te entristeció que no me haya
quedado más tiempo, si te molestó o alivió el que yo me haya ido.
