viernes, 13 de enero de 2017

~La tina y sus deseos~




            Las hojas teñidas de amarillo y café anunciaban una nueva estación, donde el frío no será el mejor compañero, espero que la estufa no sea lo único que me caliente y las cobijas lo único que me abrace. Quiero un buen beso.

De pronto un sonido interrumpió mis pensamientos, era un mensaje de texto de Giselle: “Haremos una junta en casa de Héctor a las 20.00 hrs, ven, deja de ser amargada y ponte bonita”.

-Vaya empeño le ha puesto Giselle- Hablé conmigo misma. Supongo que es una oportunidad, normalmente no iría, pero aún estoy en el proyecto de salir de mi zona de confort, debo tomar las ganas que no tengo e ir.

            Llegué a mi departamento, miré a mi alrededor y suspiré largamente, -Ponerme bonita, ¿ah? - Dije en voz alta mientras observaba mis opciones imaginarias, aún era temprano y me sobraba tiempo, como siempre, utilicé la mayoría cuestionándome por qué hacia todo eso. Me metí a la bañera con agua bien caliente, al límite de lo insoportable, me quedé tumbada ahí inmóvil mientras el tiempo pasaba, pensando, cuestionando, imaginando y lo más rico, fantaseando. Así que cerré los ojos.

            Me encontraba en una habitación color borgoña con estampados color negro, con un espejo grande frente a la cama estilo King en la que yo me encontraba, intenté levantarme, pero mis manos estaban atadas juntas, arriba de mi cabeza, la soga que me impedía el movimiento estaba sujeta al respaldo de la cama, mis piernas estaban libres así que las junte para proteger inútilmente mi zona, mi cuerpo estaba oculto con mi ropa interior esperando a ser descubierto, miré a todas direcciones pero no había nadie, había una mesa al lado de la puerta, en la mesa había un vino servido en una copa, me relamí los labios  ya que poda sentir la sequedad en ellos, que estaban expectantes por lo que avecinaba.

            De pronto se abrió la puerta, ahí apareció un hombre, con una polera negra y jeans rasgados, tenía en una mano un cigarro y la otra estaba escondida en el bolsillo del pantalón, estrello el cigarro en un plato que estaba en la mesa y me miró fríamente por sobre su hombro, mi respiración se volvió acelerada y profunda, mis ojos estaban cubiertos de deseo y mi entrepierna húmeda cansada de esperar, él se aproximó a la cama, apoyó sus manos a la altura de mis senos y posiciono una rodilla entre mis piernas obligándolas a separarse para darle la bienvenida, me miró a los ojos y era Rubén, mi profesor de universidad, no me quise cuestionar del por qué era él, pero sólo desee disfrutar. Me acarició las piernas lento y pausadamente, tomó mi muslo derecho y con un poco de fuerza lo apartó lejos de mí para así poder estar en contacto conmigo, tomó mis pechos con sus -mis- cálidas manos, presionó con sus dedos mis pezones cada vez más fuerte haciéndome gemir de delicia, después liberó su miembro y me penetró fuertemente -así que deslice mis dedos por mi entrepierna, mientras acariciaba mi clítoris-, me penetraba incesante, fuertemente y sin deseos de detenerse, mientras yo tiritaba de excitación, llegaban olas de placer haciéndome sentir en las nubes mientras se incrementaban conforme pasaba poco tiempo entre los intervalos de éstas, él mientras me embestía acariciaba mi pecho derecho apretándome el pezón cada vez más fuerte mientras yo alcanzaba el clímax, el agua me envolvía el cuerpo y lo acariciaba al son de mis espasmos, al acabar desapareció Rubén y la habitación, sólo estaba yo en la tina, sola con mi placer mientras ahogaba el gemido ronco del orgasmo.

            Quedé tranquila en la tina, el agua ya estaba tibia y mis dedos arrugados por el tiempo que tardé. Aun no entiendo porque a veces fantaseo con él, extrañamente no es un “mata pasiones”, pero es mi amigo, de esos intocables, en los cuales hay un terreno peligroso. Bueno, de cualquier manera, las fantasías no hacen daño.

Me levante resignada, terminé de bañarme y fui a mi habitación cubierta solamente por la toalla, miré mi closet sin esperanza alguna, me pregunté qué haría Giselle en esta situación, pero mi ropa no está a su altura, si le pregunto a ella es capaz de pasarme de su ropa -sobre mi cadáver- hablé en voz alta, escogí lo primero que pille, me maquille y ya estaba lista para salir.

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