viernes, 30 de diciembre de 2016

~Lo extraño~



            Fue un desayuno extraño, ella estaba tímida e incómoda pero sólo al principio, conforme pasó el tiempo se fue soltando, después fue como si viviera hace tiempo con nosotras, después de desayunar ambas se metieron a la habitación y cerraron la puerta –Mensaje recibido-. 

            Me  senté en el sofá y prendí la televisión, estaba dando uno de esos programas escasos de intelecto, con risas explosivas y comentarios obvios, servía para hacer ruido, me cubrí con una manta intentado sentirme protegida, aún escuchaba gemir y tocar mi piel al chico de la otra noche, me siento incómoda pero bien a la vez, como si algo se liberara en mí y si una parte de mí ya no fuera tan mía, crucé mis pies descalzos recordando las sogas rodeándolos, mis manos libres sostienen la manta como si me estuviera abrazando, al darme cuenta de esto coloqué mis ojos en blanco, en un acto rápido miré a todos lados buscándote, pero ya no estabas, ya no necesitaba preocuparme por eso.. Nunca había deseado tanto tu poder sobe mí, ya no soporto tanta paz.

-Patética- Interrumpió el unicornio morado.
-Lo sé, necesitar algo externo a mi es patético, añorar el recuerdo bueno sin recordar lo malo…Pero lo extraño-
-Olvídalo, de seguro él ya lo hizo-
-No puedo, no he vuelto a sentirme igual, no puedo evitar extrañarlo, me sentía completa-
-Tonterías, sólo recuerdas lo que quieres recordar, recuerda su ausencia, su poca empatía, su egoísmo, además de su egocentrismo, necesitas a alguien que te adore, no que te utilice-
-Utilizar, que contradicción… -

De pronto sentí tu olor, ese embraguiador olor de tu perfume, ese que tanto me gustaba, no entendía porque lo sentía, pero no quería abrir mis ojos, al parecer me había dormido, pero no necesitaba ver la realidad, solo quería permanecer ahí contigo, aunque sea sólo mi imaginación, tu olor. Permanecí en posición fetal durante mucho tiempo, con los ojos cerrados hasta que sentí que me tocaban el hombro suavemente, abrí rápidamente los ojos buscándote, pero era Giselle.

- ¿Estas bien?, ya es hora de tomar once, no quise despertarte en la hora de almuerzo, te veías tan cansada que preferí dejarte dormir, al parecer no lo pasaste tan mal anoche- Rió sugerentemente, yo me largué a llorar – Oh no, no llores, disculpa…
-No, no es tu culpa, no lloro por lo de anoche, es sólo que… No sé, no puedo, me superó-
-¿Qué cosa? ¿Qué ocurre?, es… ¿Por él? - Al escucharlo mis ojos se abrieron de golpe mientras las lágrimas recorrían mis mejillas.
-Bueno – Dije mientras me pasaba las manos por los ojos – En algún momento tenía que explotar, sonreí.

martes, 20 de diciembre de 2016

~No creo poder acostumbrarme a esto~


             El sol atravesaba mis sufrientes párpados torturando mis ojos, con la mano intenté fallidamente de darme sombra mientras me sentaba en una cama desconocida, las sábanas eran ásperas y los resortes del colchón eran los culpables de mi doliente espalda, para mi gratitud a mi lado sólo había soledad, el chico de cabello ondulado no estaba.

-Genial, nos saltamos el momento incómodo- Pensé. Miré en todas direcciones intentando entender en qué lío me metí ahora, pero no vi nada fuera de lo normal, freak o psicótico, había posters de bandas que no conocía, una guitarra eléctrica en su atril, el envase del condón abierto en su velador junto a un reloj despertador que rogaba tregua, me levanté buscando mi ropa con la mirada, como siempre la tiré al azar sin importarme la mañana después -Yo del pasado, ten piedad de mis ojos que ya ven todo suavizado- Supliqué para mis adentros. Encontré primero mis jeans, calcetines y polera antes que mi pantaleta, mi sostén estaba encima de una repisa, su parte más alta -brillante- mi 1.72 metros de altura por fin sirve de algo.

            Vestida y con los zapatos en la mano para evitar ruido indeseado abrí sigilosamente la puerta de la habitación, caminé por un largo pasillo hasta estar frente a la puerta principal, dulce libertad.

-Buenos días- Rompió el silencio tu voz desde la puerta del baño, ahogué un grito.
-Bu-buenos- Sonreí.
- ¿Te vas tan pronto?, esperaba que tomáramos desayuno juntos- Sonaste decepcionado, lo siento, no quería conocerte más.
- Ooh, disculpa, me llamó mi amiga, a la que acompañé a la disco y necesita urgente que la salve, me encantaría quedarme, sorry- Te mentí, en realidad me estaba salvando a mí misma. Me coloqué los zapatos.
-Pucha, no, si entiendo…-
-Bueno, adiós- Te sonreí mientras abría la puerta.
-Al menos, ¿me darías tu nombre? - Cerré la puerta.

            Llegué lo más rápido que pude a mi departamento, con mi cara de mapache y ropa del otro día, tomé mi poca dignidad y me metí a la ducha. Esperaba que junto con el agua se fueran mis inseguridades y pensamientos críticos, no funcionaba, seguían hablándome con reproches, estúpidas voces.

-¡Hey!, yo no te he dicho nada- Interrumpió mi ducha el unicornio morado.
-Tu no, las voces de género femenino, tú eres un ente aparte, un puto ente aparte- Desapareció.

            El agua estaba tibia, cayendo por mi cuerpo, un cuerpo sin marcas, pero satisfecho, al terminar, tapé mi desnudez con una áspera toalla y salí del baño, ahí estaba Giselle mi compañera de piso con una sudadera de dos tallas más de lo que debería y con ropa interior muy poco generosa -¿O debería decir muy generosa?-  mirándome incómoda, rascándose el cuero cabelludo, en ese momento salió una chica con sólo ropa interior de su habitación, me miro atónita y se ruborizó completamente, en el acto se dio media vuelta corriendo de vuelta a la habitación. Reí.

-Disculpa, arruiné tu diversión – Le comenté mientras reía.
-No creí que volverías tan temprano – Giselle sonrió ruborizada.
-Salí huyendo – Bajé la cabeza avergonzada.
- ¿Tan malo fue? -
-No, no es eso… - carraspee – Bueno si, en otros sentidos… Entré en pánico pensando que debía hablar con él al tomar desayuno, que quizás iba a querer más y se volvería más incómodo… Giselle, no soy buena en estas cosas, sexo casual y si te vi no me acuerdo, creo que no podría acostumbrarme a esto-
-Te acostumbrarás, supongo que es porque todas tus relaciones han sido duraderas y serias, ahora le temes a lo inestable, venga, no es tan terrible, solo debes disfrutarlo-
-Puede ser… Cambiando de tema -Comencé a susurrar- al parecer lo pasaste bien anoche- Ella rió con una cara de satisfacción.
- ¿Tomaste desayuno?, toma desayuno con nosotras – sonrió.
- ¿Segura? -
-Obvio, tranquila, es más divertido así-

jueves, 1 de diciembre de 2016

~De las luces a las sábanas~




 La música fuerte ahogaba mis pensamientos y los bajos retumbaban en mi cuerpo, no sé en qué momento me dejé convencer por la radiante sonrisa de Gisselle, sabía que su engaño empezaba en cuanto me dijo que saldríamos con un par de personas, -“un par de personas”, que luego fueron “un par de personas más”-, a ella le encanta bailar y despertar toda su sensualidad entre las luces y las curvas de su cadera, yo sólo soy coqueta mientras entablo una buena conversación. Resignada me senté en la barra.

-Quiero un… - Miré la pizarra escrita con colores neón- Un orgasmo por favor. –
Oh rayos, como necesito uno…

Mientras miraba las luces cambiar de color y forma en la pista de baile, llegó lo que pedí, tomé dos sorbos antes de dejar el vaso y después volví a arrepentirme. ¿Quién me obliga a hacer esto?, debería estar acurrucada en mi cama, viendo alguna serie gringa y comiendo chocolates. Por otro lado, Giselle tenía razón, debería salir más y tener una noche loca para despabilar, sentir la emoción, las luces, el ritmo recorrer mi cuerpo… Creo que quiero mi cama.

-Hola guapa, ¿Deseas bailar? - Interrumpió mis pensamientos una áspera voz, contaminada por el cigarro.

Levanté mi rostro, era un moreno alto y con brazos esculpidos por los dioses, que me animaban a pasarlo bien esta noche, pero con demasiado alcohol en el cuerpo, me pregunté quién dirigiría a quien en el baile.

-No gracias, aun me falta trago por terminar- Contesté.

Miró mi copa como si sintiese angustia por lo llena que estaba, se dio media vuelta e invitó a otra chica. Por cada sorbo era un arrepentimiento, -¿Por qué me coloqué esa ropa interior?, ¿Por qué me arreglé tanto?, ¿Qué estoy esperando?- pregunté en mi interior.

Cuando terminé mi copa ya había acabado de cuestionarme, me faltaban escusas, así que decidí agregar cosas a la lista, necesito cosas que de qué arrepentirme mañana por la mañana. Busqué en la multitud a mi amiga, ella bailaba pegada con una chica muy atractiva.

 -Rayos, necesito su suerte…-  Pensé en voz alta
-Somos dos- Me interrumpiste mientras bebías una botella individual de cerveza.

Tu pelo en ese momento te llegaba hasta los hombros, ondulado, de un color negro azabache, sentía tus negros cabellos rozar mi clavícula, utilizabas lentes, eras perfecto… Sonreí.

-Oh, hablé en voz alta, me obligaron a venir y mi acompañante ya pilló entretención- Me encogí de hombros.
-Yo no vine obligado, pero si te sirve de consuelo, odio bailar y estoy en una discoteca- Sonreíste resignado.
-¿Tienes algún lugar donde ir? Me estoy asfixiando aquí- Moví mi mano de arriba hacia abajo intentando fallidamente de darme más aire.
-Mmm, claro ¿Vamos a mi departamento?, mi compañero de piso no está- Lo dijiste como talla. 

Hubiese querido hacerme la cartucha y ofendida, pero no me mentiré a mí misma.

-Bueno, vamos- dije tirando de su brazo.

Quedaste muy sorprendido, quizás pensaste en ese momento que nunca te funcionaría, sonreí.

Fuimos en un taxi hasta un edificio, entramos al departamento y pude ver tu nerviosismo, te arreglabas el pelo pasando tus dedos intentando verte sereno, mirabas para todos lados sonriendo mientras tus rodillas temblaban.

El deseo está en ambos, tus ojos te delatan. ¿Piensas lo mismo que yo? Si tan sólo fuera más fácil decir lo que quieres y como lo quieres, para sólo disfrutarlo, suspiré.

- ¿Disculpa?, ¡Oh, rayos, no te he ofrecido nada!, ¿Quieres un trago, bebida, jugo o agua?, soy un pésimo anfitrión, jajaja – Reíste nervioso. Siento cosquillas más abajo de mi ombligo.
-Lo que quiero, me pregunto si me lo pudieses dar… - Dije sugerentemente.
-Si me lo especificas, me puedo esforzar…- Me miraste con picardía, me pregunto si estabas preparado para esto.
-Quiero que me beses, acaríciame, acércate a mí, quiero sentir tu piel, aprisióname contra cualquier superficie. Junta mis muñecas, déjalas muy cerca o aléjalas, cosa que nunca puedan alcanzarse, ellas se amaran u odiaran, dependiendo de tu propósito, ¿Qué deseas de mí?- Te miré expectante.
-Aaam – No sabías como responderme, lo entiendo.
-Toca mi mandíbula, mi escápula, roza mi columna con ligereza de principio a fin, ¿Has sentido mi pelvis?, Acaríciala con tus dedos, recórrela, con ternura y cuidado, después habrá tiempo para tus instintos. Mis pies ya no se soportan, cada uno por su lado, puedes darles libertad, solos se repelerán, puedes dejar uno fijo o ambos, dependiendo de tus propósitos-
- ¿Pro-propósitos? - Respondiste asustado, digiriendo cada palabra, rayos, creo que me excedí.
-Jajaja, no te preocupes, tranquilo, si me dejas… Yo te puedo enseñar- Te respondí sonriendo, asentiste desabotonándote un poco la camisa preocupado.

Me acerqué raudamente para besar tus labios, sosteniendo tu cabeza, desenredando con mis dedos tu pelo y jalándolo suavemente, a mitad del beso decidiste tocarme las caderas, pero a penas sentí tus manos sobre mi ropa, pregunté. - ¿Dónde está tu habitación? -

-Por aquí- Me indicaste con tu mano temblorosa.

Te tomé del cuello de la camisa y te empujé hacia la cama, caíste sorprendido y expectante, mirabas a todos lados sin saber qué hacer.

-No te preocupes, no necesitas pensar, si no estás de acuerdo en algún momento me dices, ya que quiero que también lo disfrutes- sonreí y tú asentiste, me pregunto si creíste en ese momento que estoy loca y buscaste opciones para escapar.

Te besé los labios lenta y melodiosamente, fui incrementando la frecuencia y la duración, apoyaste tus manos en mi cintura.

-Eso no está permitido- Dije con voz autoritaria mientras sonreía, tomé tus muñecas y las dejé a la altura de tu cabeza, mientras las sostenía te besaba, tus labios eran como nubes, delicados y suaves, tus muñecas estaban temblorosas, pero no ofrecían resistencia alguna. Te desabotoné la camisa mientras tu seguías con las manos en la misma posición.
 -Buen chico- Te alabé

Te besé el torso mientras bajaba, me quité la polera y el sostén, libertad. Tú me contemplabas con tus ojos encendidos, tus labios estaban rojos estimulados por el momento, me levanté.

-Quítate los pantalones- Te ordené.

Me obedeciste inmediatamente, me pregunto si esos jeans te apretaban tanto. Toqué tus piernas, acariciando esos exquisitos músculos trabajados, posteriormente abrí tu cremallera y lo liberé. Cuidé con ímpetu y destreza tu miembro creciente, lo mimé y acaricié mientras buscaba tu aprobación observando tus expresiones en cada movimiento y al sentirme satisfecha lo cubrí con un condón que guardaba en mi cartera, me quité los cazones que guardaban mi excitación y dejé que se expresaran mis deseos, gemíamos al compás de las embestidas, desde arriba era un espectáculo exquisito, tus labios color carmín, tu sonrojo y tu vergüenza. Paré un momento para recomponernos y volví a besarte, proseguí rápidamente hasta explotar en ti, esperé un poco y cambié la posición, coloqué tus manos en mis caderas dándote la libertad de tocarme, me acariciaste la piel y besaste mis pechos delicadamente, aceleraste el proceso, pero te detuve. 

-Ya llegaremos a eso-.
Besé tus hombros y tu cuello mientras acariciaba tu pelo, volví al clímax, comencé a acelerar las embestidas y a explorarte con mis manos, tus gemidos se volvieron más roncos, más seguidos y más fuertes, nos miramos fijamente para finalmente irnos de este mundo y volver juntos. Sentí como mi cuerpo se desahogaba y expresaba todo su ser, como botaba todas las preocupaciones y se transformaba en un cuerpo nuevo, ligero.

Tú te quitaste el condón, mientras aun respirabas aceleradamente, con una sonrisa en tus labios teñidos y sonrojados. 

-Y... ¿Qué tal? – Me preguntaste preocupado, yo reí.