martes, 20 de diciembre de 2016

~No creo poder acostumbrarme a esto~


             El sol atravesaba mis sufrientes párpados torturando mis ojos, con la mano intenté fallidamente de darme sombra mientras me sentaba en una cama desconocida, las sábanas eran ásperas y los resortes del colchón eran los culpables de mi doliente espalda, para mi gratitud a mi lado sólo había soledad, el chico de cabello ondulado no estaba.

-Genial, nos saltamos el momento incómodo- Pensé. Miré en todas direcciones intentando entender en qué lío me metí ahora, pero no vi nada fuera de lo normal, freak o psicótico, había posters de bandas que no conocía, una guitarra eléctrica en su atril, el envase del condón abierto en su velador junto a un reloj despertador que rogaba tregua, me levanté buscando mi ropa con la mirada, como siempre la tiré al azar sin importarme la mañana después -Yo del pasado, ten piedad de mis ojos que ya ven todo suavizado- Supliqué para mis adentros. Encontré primero mis jeans, calcetines y polera antes que mi pantaleta, mi sostén estaba encima de una repisa, su parte más alta -brillante- mi 1.72 metros de altura por fin sirve de algo.

            Vestida y con los zapatos en la mano para evitar ruido indeseado abrí sigilosamente la puerta de la habitación, caminé por un largo pasillo hasta estar frente a la puerta principal, dulce libertad.

-Buenos días- Rompió el silencio tu voz desde la puerta del baño, ahogué un grito.
-Bu-buenos- Sonreí.
- ¿Te vas tan pronto?, esperaba que tomáramos desayuno juntos- Sonaste decepcionado, lo siento, no quería conocerte más.
- Ooh, disculpa, me llamó mi amiga, a la que acompañé a la disco y necesita urgente que la salve, me encantaría quedarme, sorry- Te mentí, en realidad me estaba salvando a mí misma. Me coloqué los zapatos.
-Pucha, no, si entiendo…-
-Bueno, adiós- Te sonreí mientras abría la puerta.
-Al menos, ¿me darías tu nombre? - Cerré la puerta.

            Llegué lo más rápido que pude a mi departamento, con mi cara de mapache y ropa del otro día, tomé mi poca dignidad y me metí a la ducha. Esperaba que junto con el agua se fueran mis inseguridades y pensamientos críticos, no funcionaba, seguían hablándome con reproches, estúpidas voces.

-¡Hey!, yo no te he dicho nada- Interrumpió mi ducha el unicornio morado.
-Tu no, las voces de género femenino, tú eres un ente aparte, un puto ente aparte- Desapareció.

            El agua estaba tibia, cayendo por mi cuerpo, un cuerpo sin marcas, pero satisfecho, al terminar, tapé mi desnudez con una áspera toalla y salí del baño, ahí estaba Giselle mi compañera de piso con una sudadera de dos tallas más de lo que debería y con ropa interior muy poco generosa -¿O debería decir muy generosa?-  mirándome incómoda, rascándose el cuero cabelludo, en ese momento salió una chica con sólo ropa interior de su habitación, me miro atónita y se ruborizó completamente, en el acto se dio media vuelta corriendo de vuelta a la habitación. Reí.

-Disculpa, arruiné tu diversión – Le comenté mientras reía.
-No creí que volverías tan temprano – Giselle sonrió ruborizada.
-Salí huyendo – Bajé la cabeza avergonzada.
- ¿Tan malo fue? -
-No, no es eso… - carraspee – Bueno si, en otros sentidos… Entré en pánico pensando que debía hablar con él al tomar desayuno, que quizás iba a querer más y se volvería más incómodo… Giselle, no soy buena en estas cosas, sexo casual y si te vi no me acuerdo, creo que no podría acostumbrarme a esto-
-Te acostumbrarás, supongo que es porque todas tus relaciones han sido duraderas y serias, ahora le temes a lo inestable, venga, no es tan terrible, solo debes disfrutarlo-
-Puede ser… Cambiando de tema -Comencé a susurrar- al parecer lo pasaste bien anoche- Ella rió con una cara de satisfacción.
- ¿Tomaste desayuno?, toma desayuno con nosotras – sonrió.
- ¿Segura? -
-Obvio, tranquila, es más divertido así-

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