El sol
atravesaba mis sufrientes párpados torturando mis ojos, con la mano intenté
fallidamente de darme sombra mientras me sentaba en una cama desconocida, las
sábanas eran ásperas y los resortes del colchón eran los culpables de mi
doliente espalda, para mi gratitud a mi lado sólo había soledad, el chico de
cabello ondulado no estaba.
-Genial, nos saltamos el momento incómodo- Pensé. Miré en
todas direcciones intentando entender en qué lío me metí ahora, pero no vi nada
fuera de lo normal, freak o psicótico, había posters de bandas que no conocía,
una guitarra eléctrica en su atril, el envase del condón abierto en su velador
junto a un reloj despertador que rogaba tregua, me levanté buscando mi ropa con
la mirada, como siempre la tiré al azar sin importarme la mañana después -Yo
del pasado, ten piedad de mis ojos que ya ven todo suavizado- Supliqué para mis
adentros. Encontré primero mis jeans, calcetines y polera antes que mi pantaleta,
mi sostén estaba encima de una repisa, su parte más alta -brillante- mi 1.72 metros
de altura por fin sirve de algo.
Vestida y
con los zapatos en la mano para evitar ruido indeseado abrí sigilosamente la
puerta de la habitación, caminé por un largo pasillo hasta estar frente a la puerta
principal, dulce libertad.
-Buenos días- Rompió el silencio tu voz desde la puerta del
baño, ahogué un grito.
-Bu-buenos- Sonreí.
- ¿Te vas tan pronto?, esperaba que tomáramos desayuno
juntos- Sonaste decepcionado, lo siento, no quería conocerte más.
- Ooh, disculpa, me llamó mi amiga, a la que acompañé a la
disco y necesita urgente que la salve, me encantaría quedarme, sorry- Te mentí,
en realidad me estaba salvando a mí misma. Me coloqué los zapatos.
-Pucha, no, si entiendo…-
-Bueno, adiós- Te sonreí mientras abría la puerta.
-Al menos, ¿me darías tu nombre? - Cerré la puerta.
Llegué lo más
rápido que pude a mi departamento, con mi cara de mapache y ropa del otro día,
tomé mi poca dignidad y me metí a la ducha. Esperaba que junto con el agua se fueran
mis inseguridades y pensamientos críticos, no funcionaba, seguían hablándome
con reproches, estúpidas voces.
-¡Hey!, yo no te he dicho nada- Interrumpió mi ducha el
unicornio morado.
-Tu no, las voces de género femenino, tú eres un ente
aparte, un puto ente aparte- Desapareció.
El agua
estaba tibia, cayendo por mi cuerpo, un cuerpo sin marcas, pero satisfecho, al
terminar, tapé mi desnudez con una áspera toalla y salí del baño, ahí estaba
Giselle mi compañera de piso con una sudadera de dos tallas más de lo que
debería y con ropa interior muy poco generosa -¿O debería decir muy generosa?- mirándome incómoda, rascándose el cuero
cabelludo, en ese momento salió una chica con sólo ropa interior de su habitación,
me miro atónita y se ruborizó completamente, en el acto se dio media vuelta
corriendo de vuelta a la habitación. Reí.
-Disculpa, arruiné tu diversión – Le comenté mientras reía.
-No creí que volverías tan temprano – Giselle sonrió ruborizada.
-Salí huyendo – Bajé la cabeza avergonzada.
- ¿Tan malo fue? -
-No, no es eso… - carraspee – Bueno si, en otros sentidos…
Entré en pánico pensando que debía hablar con él al tomar desayuno, que quizás
iba a querer más y se volvería más incómodo… Giselle, no soy buena en estas
cosas, sexo casual y si te vi no me acuerdo, creo que no podría acostumbrarme a
esto-
-Te acostumbrarás, supongo que es porque todas tus
relaciones han sido duraderas y serias, ahora le temes a lo inestable, venga,
no es tan terrible, solo debes disfrutarlo-
-Puede ser… Cambiando de tema -Comencé a susurrar- al
parecer lo pasaste bien anoche- Ella rió con una cara de satisfacción.
- ¿Tomaste desayuno?, toma desayuno con nosotras – sonrió.
- ¿Segura? -
-Obvio, tranquila, es más divertido así-
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