Fue un
desayuno extraño, ella estaba tímida e incómoda pero sólo al principio,
conforme pasó el tiempo se fue soltando, después fue como si viviera hace
tiempo con nosotras, después de desayunar ambas se metieron a la habitación y
cerraron la puerta –Mensaje recibido-.
Me senté en el sofá y prendí la televisión,
estaba dando uno de esos programas escasos de intelecto, con risas explosivas y
comentarios obvios, servía para hacer ruido, me cubrí con una manta intentado
sentirme protegida, aún escuchaba gemir y tocar mi piel al chico de la otra
noche, me siento incómoda pero bien a la vez, como si algo se liberara en mí y
si una parte de mí ya no fuera tan mía, crucé mis pies descalzos recordando las
sogas rodeándolos, mis manos libres sostienen la manta como si me estuviera
abrazando, al darme cuenta de esto coloqué mis ojos en blanco, en un acto
rápido miré a todos lados buscándote, pero ya no estabas, ya no necesitaba
preocuparme por eso.. Nunca había deseado tanto tu poder sobe mí, ya no soporto
tanta paz.
-Patética- Interrumpió el unicornio morado.
-Lo sé, necesitar algo externo a mi es patético, añorar el
recuerdo bueno sin recordar lo malo…Pero lo extraño-
-Olvídalo, de seguro él ya lo hizo-
-No puedo, no he vuelto a sentirme igual, no puedo evitar
extrañarlo, me sentía completa-
-Tonterías, sólo recuerdas lo que quieres recordar, recuerda
su ausencia, su poca empatía, su egoísmo, además de su egocentrismo, necesitas
a alguien que te adore, no que te utilice-
-Utilizar, que contradicción… -
De pronto sentí tu olor, ese
embraguiador olor de tu perfume, ese que tanto me gustaba, no entendía porque
lo sentía, pero no quería abrir mis ojos, al parecer me había dormido, pero no
necesitaba ver la realidad, solo quería permanecer ahí contigo, aunque sea sólo
mi imaginación, tu olor. Permanecí en posición fetal durante mucho tiempo, con
los ojos cerrados hasta que sentí que me tocaban el hombro suavemente, abrí rápidamente
los ojos buscándote, pero era Giselle.
- ¿Estas bien?, ya es hora de tomar once, no quise
despertarte en la hora de almuerzo, te veías tan cansada que preferí dejarte
dormir, al parecer no lo pasaste tan mal anoche- Rió sugerentemente, yo me
largué a llorar – Oh no, no llores, disculpa…
-No, no es tu culpa, no lloro por lo de anoche, es sólo que…
No sé, no puedo, me superó-
-¿Qué cosa? ¿Qué ocurre?, es… ¿Por él? - Al escucharlo mis
ojos se abrieron de golpe mientras las lágrimas recorrían mis mejillas.
-Bueno – Dije mientras me pasaba las manos por los ojos – En
algún momento tenía que explotar, sonreí.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Comenta sin susto, no muerdo...