jueves, 1 de diciembre de 2016

~De las luces a las sábanas~




 La música fuerte ahogaba mis pensamientos y los bajos retumbaban en mi cuerpo, no sé en qué momento me dejé convencer por la radiante sonrisa de Gisselle, sabía que su engaño empezaba en cuanto me dijo que saldríamos con un par de personas, -“un par de personas”, que luego fueron “un par de personas más”-, a ella le encanta bailar y despertar toda su sensualidad entre las luces y las curvas de su cadera, yo sólo soy coqueta mientras entablo una buena conversación. Resignada me senté en la barra.

-Quiero un… - Miré la pizarra escrita con colores neón- Un orgasmo por favor. –
Oh rayos, como necesito uno…

Mientras miraba las luces cambiar de color y forma en la pista de baile, llegó lo que pedí, tomé dos sorbos antes de dejar el vaso y después volví a arrepentirme. ¿Quién me obliga a hacer esto?, debería estar acurrucada en mi cama, viendo alguna serie gringa y comiendo chocolates. Por otro lado, Giselle tenía razón, debería salir más y tener una noche loca para despabilar, sentir la emoción, las luces, el ritmo recorrer mi cuerpo… Creo que quiero mi cama.

-Hola guapa, ¿Deseas bailar? - Interrumpió mis pensamientos una áspera voz, contaminada por el cigarro.

Levanté mi rostro, era un moreno alto y con brazos esculpidos por los dioses, que me animaban a pasarlo bien esta noche, pero con demasiado alcohol en el cuerpo, me pregunté quién dirigiría a quien en el baile.

-No gracias, aun me falta trago por terminar- Contesté.

Miró mi copa como si sintiese angustia por lo llena que estaba, se dio media vuelta e invitó a otra chica. Por cada sorbo era un arrepentimiento, -¿Por qué me coloqué esa ropa interior?, ¿Por qué me arreglé tanto?, ¿Qué estoy esperando?- pregunté en mi interior.

Cuando terminé mi copa ya había acabado de cuestionarme, me faltaban escusas, así que decidí agregar cosas a la lista, necesito cosas que de qué arrepentirme mañana por la mañana. Busqué en la multitud a mi amiga, ella bailaba pegada con una chica muy atractiva.

 -Rayos, necesito su suerte…-  Pensé en voz alta
-Somos dos- Me interrumpiste mientras bebías una botella individual de cerveza.

Tu pelo en ese momento te llegaba hasta los hombros, ondulado, de un color negro azabache, sentía tus negros cabellos rozar mi clavícula, utilizabas lentes, eras perfecto… Sonreí.

-Oh, hablé en voz alta, me obligaron a venir y mi acompañante ya pilló entretención- Me encogí de hombros.
-Yo no vine obligado, pero si te sirve de consuelo, odio bailar y estoy en una discoteca- Sonreíste resignado.
-¿Tienes algún lugar donde ir? Me estoy asfixiando aquí- Moví mi mano de arriba hacia abajo intentando fallidamente de darme más aire.
-Mmm, claro ¿Vamos a mi departamento?, mi compañero de piso no está- Lo dijiste como talla. 

Hubiese querido hacerme la cartucha y ofendida, pero no me mentiré a mí misma.

-Bueno, vamos- dije tirando de su brazo.

Quedaste muy sorprendido, quizás pensaste en ese momento que nunca te funcionaría, sonreí.

Fuimos en un taxi hasta un edificio, entramos al departamento y pude ver tu nerviosismo, te arreglabas el pelo pasando tus dedos intentando verte sereno, mirabas para todos lados sonriendo mientras tus rodillas temblaban.

El deseo está en ambos, tus ojos te delatan. ¿Piensas lo mismo que yo? Si tan sólo fuera más fácil decir lo que quieres y como lo quieres, para sólo disfrutarlo, suspiré.

- ¿Disculpa?, ¡Oh, rayos, no te he ofrecido nada!, ¿Quieres un trago, bebida, jugo o agua?, soy un pésimo anfitrión, jajaja – Reíste nervioso. Siento cosquillas más abajo de mi ombligo.
-Lo que quiero, me pregunto si me lo pudieses dar… - Dije sugerentemente.
-Si me lo especificas, me puedo esforzar…- Me miraste con picardía, me pregunto si estabas preparado para esto.
-Quiero que me beses, acaríciame, acércate a mí, quiero sentir tu piel, aprisióname contra cualquier superficie. Junta mis muñecas, déjalas muy cerca o aléjalas, cosa que nunca puedan alcanzarse, ellas se amaran u odiaran, dependiendo de tu propósito, ¿Qué deseas de mí?- Te miré expectante.
-Aaam – No sabías como responderme, lo entiendo.
-Toca mi mandíbula, mi escápula, roza mi columna con ligereza de principio a fin, ¿Has sentido mi pelvis?, Acaríciala con tus dedos, recórrela, con ternura y cuidado, después habrá tiempo para tus instintos. Mis pies ya no se soportan, cada uno por su lado, puedes darles libertad, solos se repelerán, puedes dejar uno fijo o ambos, dependiendo de tus propósitos-
- ¿Pro-propósitos? - Respondiste asustado, digiriendo cada palabra, rayos, creo que me excedí.
-Jajaja, no te preocupes, tranquilo, si me dejas… Yo te puedo enseñar- Te respondí sonriendo, asentiste desabotonándote un poco la camisa preocupado.

Me acerqué raudamente para besar tus labios, sosteniendo tu cabeza, desenredando con mis dedos tu pelo y jalándolo suavemente, a mitad del beso decidiste tocarme las caderas, pero a penas sentí tus manos sobre mi ropa, pregunté. - ¿Dónde está tu habitación? -

-Por aquí- Me indicaste con tu mano temblorosa.

Te tomé del cuello de la camisa y te empujé hacia la cama, caíste sorprendido y expectante, mirabas a todos lados sin saber qué hacer.

-No te preocupes, no necesitas pensar, si no estás de acuerdo en algún momento me dices, ya que quiero que también lo disfrutes- sonreí y tú asentiste, me pregunto si creíste en ese momento que estoy loca y buscaste opciones para escapar.

Te besé los labios lenta y melodiosamente, fui incrementando la frecuencia y la duración, apoyaste tus manos en mi cintura.

-Eso no está permitido- Dije con voz autoritaria mientras sonreía, tomé tus muñecas y las dejé a la altura de tu cabeza, mientras las sostenía te besaba, tus labios eran como nubes, delicados y suaves, tus muñecas estaban temblorosas, pero no ofrecían resistencia alguna. Te desabotoné la camisa mientras tu seguías con las manos en la misma posición.
 -Buen chico- Te alabé

Te besé el torso mientras bajaba, me quité la polera y el sostén, libertad. Tú me contemplabas con tus ojos encendidos, tus labios estaban rojos estimulados por el momento, me levanté.

-Quítate los pantalones- Te ordené.

Me obedeciste inmediatamente, me pregunto si esos jeans te apretaban tanto. Toqué tus piernas, acariciando esos exquisitos músculos trabajados, posteriormente abrí tu cremallera y lo liberé. Cuidé con ímpetu y destreza tu miembro creciente, lo mimé y acaricié mientras buscaba tu aprobación observando tus expresiones en cada movimiento y al sentirme satisfecha lo cubrí con un condón que guardaba en mi cartera, me quité los cazones que guardaban mi excitación y dejé que se expresaran mis deseos, gemíamos al compás de las embestidas, desde arriba era un espectáculo exquisito, tus labios color carmín, tu sonrojo y tu vergüenza. Paré un momento para recomponernos y volví a besarte, proseguí rápidamente hasta explotar en ti, esperé un poco y cambié la posición, coloqué tus manos en mis caderas dándote la libertad de tocarme, me acariciaste la piel y besaste mis pechos delicadamente, aceleraste el proceso, pero te detuve. 

-Ya llegaremos a eso-.
Besé tus hombros y tu cuello mientras acariciaba tu pelo, volví al clímax, comencé a acelerar las embestidas y a explorarte con mis manos, tus gemidos se volvieron más roncos, más seguidos y más fuertes, nos miramos fijamente para finalmente irnos de este mundo y volver juntos. Sentí como mi cuerpo se desahogaba y expresaba todo su ser, como botaba todas las preocupaciones y se transformaba en un cuerpo nuevo, ligero.

Tú te quitaste el condón, mientras aun respirabas aceleradamente, con una sonrisa en tus labios teñidos y sonrojados. 

-Y... ¿Qué tal? – Me preguntaste preocupado, yo reí.

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