La
música fuerte ahogaba mis pensamientos y los bajos retumbaban en mi cuerpo, no
sé en qué momento me dejé convencer por la radiante sonrisa de Gisselle, sabía
que su engaño empezaba en cuanto me dijo que saldríamos con un par de personas,
-“un par de personas”, que luego fueron “un par de personas más”-, a ella le
encanta bailar y despertar toda su sensualidad entre las luces y las curvas de
su cadera, yo sólo soy coqueta mientras entablo una buena conversación.
Resignada me senté en la barra.
-Quiero un… - Miré la pizarra
escrita con colores neón- Un orgasmo por favor. –
Oh rayos, como necesito uno…
Mientras
miraba las luces cambiar de color y forma en la pista de baile, llegó lo que
pedí, tomé dos sorbos antes de dejar el vaso y después volví a arrepentirme.
¿Quién me obliga a hacer esto?, debería estar acurrucada en mi cama, viendo
alguna serie gringa y comiendo chocolates. Por otro lado, Giselle tenía razón,
debería salir más y tener una noche loca para despabilar, sentir la emoción,
las luces, el ritmo recorrer mi cuerpo… Creo que quiero mi cama.
-Hola guapa, ¿Deseas bailar? -
Interrumpió mis pensamientos una áspera voz, contaminada por el cigarro.
Levanté
mi rostro, era un moreno alto y con brazos esculpidos por los dioses, que me
animaban a pasarlo bien esta noche, pero con demasiado alcohol en el cuerpo, me
pregunté quién dirigiría a quien en el baile.
-No gracias, aun me falta trago
por terminar- Contesté.
Miró
mi copa como si sintiese angustia por lo llena que estaba, se dio media vuelta
e invitó a otra chica. Por cada sorbo era un arrepentimiento, -¿Por qué me
coloqué esa ropa interior?, ¿Por qué me arreglé tanto?, ¿Qué estoy esperando?-
pregunté en mi interior.
Cuando
terminé mi copa ya había acabado de cuestionarme, me faltaban escusas, así que
decidí agregar cosas a la lista, necesito cosas que de qué arrepentirme mañana
por la mañana. Busqué en la multitud a mi amiga, ella bailaba pegada con una
chica muy atractiva.
-Rayos, necesito su
suerte…- Pensé en voz alta
-Somos dos- Me interrumpiste
mientras bebías una botella individual de cerveza.
Tu
pelo en ese momento te llegaba hasta los hombros, ondulado, de un color negro
azabache, sentía tus negros cabellos rozar mi clavícula, utilizabas lentes,
eras perfecto… Sonreí.
-Oh, hablé en voz alta, me
obligaron a venir y mi acompañante ya pilló entretención- Me encogí de hombros.
-Yo no vine obligado, pero si
te sirve de consuelo, odio bailar y estoy en una discoteca- Sonreíste
resignado.
-¿Tienes algún lugar donde ir?
Me estoy asfixiando aquí- Moví mi mano de arriba hacia abajo intentando
fallidamente de darme más aire.
-Mmm, claro ¿Vamos a mi
departamento?, mi compañero de piso no está- Lo dijiste como talla.
Quedaste
muy sorprendido, quizás pensaste en ese momento que nunca te funcionaría,
sonreí.
Fuimos
en un taxi hasta un edificio, entramos al departamento y pude ver tu
nerviosismo, te arreglabas el pelo pasando tus dedos intentando verte sereno,
mirabas para todos lados sonriendo mientras tus rodillas temblaban.
El
deseo está en ambos, tus ojos te delatan. ¿Piensas lo mismo que yo? Si tan sólo
fuera más fácil decir lo que quieres y como lo quieres, para sólo disfrutarlo,
suspiré.
- ¿Disculpa?, ¡Oh, rayos, no te
he ofrecido nada!, ¿Quieres un trago, bebida, jugo o agua?, soy un pésimo
anfitrión, jajaja – Reíste nervioso. Siento cosquillas más abajo de mi ombligo.
-Lo que quiero, me pregunto si
me lo pudieses dar… - Dije sugerentemente.
-Si me lo especificas, me puedo
esforzar…- Me miraste con picardía, me pregunto si estabas preparado para esto.
-Quiero que me beses,
acaríciame, acércate a mí, quiero sentir tu piel, aprisióname contra cualquier
superficie. Junta mis muñecas, déjalas muy cerca o aléjalas, cosa que nunca
puedan alcanzarse, ellas se amaran u odiaran, dependiendo de tu propósito, ¿Qué
deseas de mí?- Te miré expectante.
-Aaam – No sabías como responderme,
lo entiendo.
-Toca mi mandíbula, mi
escápula, roza mi columna con ligereza de principio a fin, ¿Has sentido mi
pelvis?, Acaríciala con tus dedos, recórrela, con ternura y cuidado, después
habrá tiempo para tus instintos. Mis pies ya no se soportan, cada uno por su
lado, puedes darles libertad, solos se repelerán, puedes dejar uno fijo o
ambos, dependiendo de tus propósitos-
- ¿Pro-propósitos? -
Respondiste asustado, digiriendo cada palabra, rayos, creo que me excedí.
-Jajaja, no te preocupes, tranquilo,
si me dejas… Yo te puedo enseñar- Te respondí sonriendo, asentiste
desabotonándote un poco la camisa preocupado.
Me
acerqué raudamente para besar tus labios, sosteniendo tu cabeza, desenredando
con mis dedos tu pelo y jalándolo suavemente, a mitad del beso decidiste
tocarme las caderas, pero a penas sentí tus manos sobre mi ropa, pregunté. -
¿Dónde está tu habitación? -
-Por aquí- Me indicaste con tu
mano temblorosa.
Te
tomé del cuello de la camisa y te empujé hacia la cama, caíste sorprendido y expectante,
mirabas a todos lados sin saber qué hacer.
-No te preocupes, no necesitas
pensar, si no estás de acuerdo en algún momento me dices, ya que quiero que
también lo disfrutes- sonreí y tú asentiste, me pregunto si creíste en ese
momento que estoy loca y buscaste opciones para escapar.
Te
besé los labios lenta y melodiosamente, fui incrementando la frecuencia y la
duración, apoyaste tus manos en mi cintura.
-Eso no está permitido- Dije
con voz autoritaria mientras sonreía, tomé tus muñecas y las dejé a la altura
de tu cabeza, mientras las sostenía te besaba, tus labios eran como nubes,
delicados y suaves, tus muñecas estaban temblorosas, pero no ofrecían
resistencia alguna. Te desabotoné la camisa mientras tu seguías con las manos
en la misma posición.
-Buen chico- Te alabé
Te
besé el torso mientras bajaba, me quité la polera y el sostén, libertad. Tú me
contemplabas con tus ojos encendidos, tus labios estaban rojos estimulados por
el momento, me levanté.
-Quítate los pantalones- Te
ordené.
Me
obedeciste inmediatamente, me pregunto si esos jeans te apretaban tanto. Toqué
tus piernas, acariciando esos exquisitos músculos trabajados, posteriormente
abrí tu cremallera y lo liberé. Cuidé con ímpetu y destreza tu miembro
creciente, lo mimé y acaricié mientras buscaba tu aprobación observando tus
expresiones en cada movimiento y al sentirme satisfecha lo cubrí con un condón
que guardaba en mi cartera, me quité los cazones que guardaban mi excitación y
dejé que se expresaran mis deseos, gemíamos al compás de las embestidas, desde
arriba era un espectáculo exquisito, tus labios color carmín, tu sonrojo y tu
vergüenza. Paré un momento para recomponernos y volví a besarte, proseguí
rápidamente hasta explotar en ti, esperé un poco y cambié la posición, coloqué
tus manos en mis caderas dándote la libertad de tocarme, me acariciaste la piel
y besaste mis pechos delicadamente, aceleraste el proceso, pero te
detuve.
Besé
tus hombros y tu cuello mientras acariciaba tu pelo, volví al clímax, comencé a
acelerar las embestidas y a explorarte con mis manos, tus gemidos se volvieron
más roncos, más seguidos y más fuertes, nos miramos fijamente para finalmente
irnos de este mundo y volver juntos. Sentí como mi cuerpo se desahogaba y
expresaba todo su ser, como botaba todas las preocupaciones y se transformaba
en un cuerpo nuevo, ligero.
Tú
te quitaste el condón, mientras aun respirabas aceleradamente, con una sonrisa
en tus labios teñidos y sonrojados.
-Y... ¿Qué tal? – Me
preguntaste preocupado, yo reí.

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