Era un día
normal, me desperté temprano en la mañana ya que debía estar anticipadamente en
la universidad, miré el techo un corto tiempo tratando de situarme en el espacio
y tiempo, entendiendo que ocurría, que estaba haciendo ahí y cual era mi
propósito, cuando encontré la lucidez me levanté para no dilatar peligrosamente
esto, no debía llegar tarde ya que tenía una disertación, fui al baño descalza
y en pijamas, me bañé rápidamente, atrapé mi largo cabello rizado en la toalla
y fui directamente a mi cuarto, cogí ropa que estaba estratégicamente tirada
en el piso, cogí mis pantalones y ropa para abrigarme, saqué de un cajón de
ropa interior prendas escogidas aleatoriamente, sin importarme si combinaban o
no, al igual que los calcetines, pero en este caso me preocupo que sean de la
misma tela y porte, el color no importa, en total, nadie lo verá. De la ropa no
me preocupo la gran cosa, sólo en los casos importantes o cuando tengo ganas de
algo, esas ganas que dan de repente, sin razón alguna quieres preocuparte de
más, hice el ritual de mis rizos y no había tiempo para desayunar, bueno, en
realidad, no tenía ganas, como la gran mayoría de las mañanas, me abrigué, organicé
mi mochila rápidamente y me fui procurando tener las llaves para evitar la
típica desgracia al volver.
Entré al
campus y fijé mi vista en uno de los pasillos, estaba un grupo de estudiantes
de artes dibujando, entre ellos había un conocido al cual no le hablo hace años
por ningún motivo en especial, pasaron por mi mente muchos momentos vividos,
pero seguí caminando, no puedo evidenciarme. Al llegar a la sala dejé mis cosas
en una silla en la 3era fila la cual era mi preferida, al poco tiempo llegó mi
grupo de disertación, los cuales eran mis amigos de la universidad.
-Buenas- Me saludó Claudio.
-Hola, ¿Quién se comprometió de traer el informe y el trabajo?
- Le pregunté.
-El Pablo traerá el power point y la Daniela traerá el informe
impreso a color, dijo que el papá no tiene problemas en ello-
-Genial, ojalá que al pastelito del Pablo no se le olvide el
power point-
-No va a pasar, bueno, no debería, lo llamé 2 veces para
recordarle ya que él iba a hacer los toques finales, igual yo traje el antiguo
por si a acaso-
-Ya, bacán, no quiero preocuparme de eso-
-¿Estas bien?, hace rato que te veo súper bajoneada- Me dijo
con su típico tono preocupado.
-Sí, pero no estoy bajoneada, me siento un poco chata no
más, como que toda esta puta rutina me está consumiendo- Le conteste mientras
me miraba pensativo, yo para mis adentros rezaba a los dioses para que me
creyera.
De pronto,
llegó el Pablo y la Daniela juntos, dijeron que se habían encontrado en la
entrada, hicieron un sorteo entre todos los alumnos de ese ramo y quedamos en 6to
lugar para disertar, quizás no alcancemos, pero no me complica, estudié mucho
así que si no nos toca, después deberé repasar solamente. Me aburrí
tremendamente en cada disertación, miraba el celular a ratos intentando
divertirme en algo, pero por el rabillo del ojo me daba cuenta que en algunos
momentos Claudio me miraba preocupado -Rayos-, no quería que alguien se
preocupara por mí, ya tengo suficiente con mi mamá.
Los grupos
pasaron y como pensé, no alcanzamos a disertar, cuando acabó la hora de clases,
todos empezamos a guardar nuestras cosas para retirarnos a almorzar, yo tenía
mucho sueño así que andaba muy lenta y letardada, cogí mis cosas, pero se me
calló mi bolso boca abajo -Perfecto-, mis cosas desparramadas por el piso fue
la guinda de la torta, lenta, letardada y además torpe.
-Ya pue, no alcanzaremos a comprar el almuerzo – Daniela me
gritó desde la puerta de la sala.
-Ya voy, compra por mí por favor, yo te alcanzo-
-Bueno-
Fui guardando cada cosa, ya nadie
quedaba en la sala, cuando terminé con lo que había en el bolso me di cuenta
que faltaba lo que tenía en la mesa, de pronto llegó Rubén mirando para todos
lados, al parecer buscaba a alguien, hicimos contacto visual y se aproximó
hacia mí, me agarró del brazo y me acercó a él de un empujón, me tomó por sorpresa,
no alcancé a hacer ningún movimiento, interrumpió el comienzo de mis
pensamientos con un gran beso, sentí sus labios contra los míos, eran suaves y
esponjosos, sentí que me deseaban.
No sé qué
estabas pensando en ese momento Rubén, ni qué te llevó a esto, pero créeme, como
lo necesitaba. Me besaste suave pero con gran decisión, me tomaste de las
caderas apretándolas, nuestras pelvis estaban apegadas una a la otra como si se
llamasen, se movían al compás como si se invitasen a jugar, me besabas tan bien
y tan rudo que casi no podía respirar, apretaste nuevamente mis caderas y me
subiste a un pupitre apoyándote en ellas, abrí mis piernas como si de un
reflejo de pasión se tratase y tú me aceptaste, nuestras pelvis volvieron a
encontrarse, exploraste mi cuello con tu boca mientras yo respiraba
entrecortado y se escapaba algún gemido que ansiaba libertad de mis labios,
cuando tuve un tiempo de lucidez toqué tu pecho con una mano intentado
separarte de mí para poder reincorporarme pero mi fuerzas eran nulas, al igual
que mis ganas de apartarte, pero en cuanto me sentiste tocarte inmediatamente
me tomaste de la muñeca y la apartaste dejándola a mi lado, sin soltarla,
apretándola, ejerciendo la fuerza necesaria para mantenerla en ese lugar,
metiste tu mano libre debajo de mi polera acariciándome la parte baja de la
espalda, en se momento mi piel se tensó, mi vello se erizó y mi piel se tornó
de gallina reaccionando a tus caricias.
Tus labios se sentían suaves y
calientes, como si me estuvieses haciendo un ritual solemne, eran múltiples
sensaciones, mi cuerpo ardía como si cada parte de éste estuviese por separado,
había electricidad por todas partes, la ropa ya era una molestia, aumentaba la
sensibilidad y la temperatura, mi cabeza está en todas partes, como si sólo
existieras tu y yo.
Mis pies se sentían livianos y
sin fuerzas como todo mi cuerpo, reuní las pocas que me quedaban y con la única
mano libre te separé de mí con mucho pesar. Tú me miraste extrañado, con tus
ojos verdes bien abiertos y respirando en voz alta, te miré un tiempo tratando
de normalizar mi respiración, mientras observaba tu rostro tratando de capturar
cada detalle. De pronto, te incorporaste.
-Di-Disculpa, yo sólo… - Tartamudeaste mientras me mirabas
preocupado – Por favor discúlpame- Miré el piso sin entender por qué te
disculpabas, tardé un minuto en caer en gracia.
-No te disculpes, no se lo diré a nadie-.
En tu cara
se reflejaba preocupación, pero de pronto juntaste tus cejas y arrugaste tu
frente, te apartaste bruscamente de mí, y mi cuerpo sintió tu ausencia, me
invadió el frío, te apartaste de mi mostrándome tu ancha e imponente espalda, miraste
el suelo mientras te alejabas de mi hasta que llegaste a la puerta, me miraste
de soslayo y te fuiste.